Desde luego, se están desesperando por recaudar...
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300 euros de multa, 4 puntos de carné y un mes de suspensión del permiso por la conducción negligente de un caballo. La Guardia Civil de tráfico multó el pasado mes de junio a una jinete que volvía montada en su caballo de una merienda de Sant Joan por la carretera general.
Los hechos ocurrieron el pasado 6 de junio, en el tramo de la vía que conduce de la travesía de Els Alocs a Santa María Magdalena. Los cuatro jinetes volvían a casa tras una encuentro festivo en un lloc de la Isla al que acudieron con sus caballos con el fin de entrenarlos, dada la proximidad de las fiestas de Sant Joan.
A medianoche, l'amo de Santa Victoria, su esposa y dos jinetes más decidieron volver a casa. Para ello, debían circular por un tramo de 250 metros en la carretera general. Así que, según relatan, se pusieron los chalecos reflectantes, pidieron a uno de los participantes que les escoltara con el coche y se pusieron de camino. Cuando ya faltaba poco para llegar al camino rural, una patrulla de la Guardia Civil les dio el alto.
Tensión
Josefa Fernández, esposa de l'amo de Santa Victoria, cuenta que los guardias ni siquiera les saludaron y que su actitud fue grosera desde el primer momento: «Nos dijeron que eso no lo podíamos hacer y comparó nuestro caso con el accidente mortal provocado por un cerdo en Ciutadella», lamenta. Una comparación que distaba mucho de parecerse al hecho de circular a lomos de un equino por el arcén de la vía, con los chalecos reflectantes y un coche escoltándoles con los cuatro intermitentes en la retaguardia.
La indignación manifiesta de Josefa enervó al agente, quien le informó de que la iba a denunciar por conducir de forma temeraria. «Le pregunté si la conducción temeraria podía aplicarse a montar un caballo, y se limitó a repetirme que me iba a multar», dice. Ninguno de los jinetes llevaba encima la documentación, pero ella le recitó su DNI de memoria. Por ello, el guardia instó a su esposo, Pedro Marqués, a que atara al caballo en el arcén para ir a buscar su documento a la finca, situada a unos tres kilómetros del lugar. Como Josefa era la única con documentación, los agentes sólo la multaron a ella.
Denuncia confusa
Los denunciados cuentan que estuvieron aproximadamente media hora deliberando el objeto de la denuncia, ya que ni siquiera los agentes tenían claro sobre qué debían denunciarlos. Finalmente, la sanción fue de 300 euros por conducir de forma negligente, 4 puntos de carné y un mes de suspensión del permiso. «Es algo que no comprendo. ¿Por qué me quitan puntos si no iba conduciendo el coche?» se pregunta Josefa. Pero la historia no terminó ahí.
Una vez formalizada la denuncia, se negó a firmarla. «El agente amenazó con detenerme, y le dije que no dudara en hacerlo», cuenta. Finalmente, el guardia escribió la palabra «rebelión» en el recuadro de la firma y se retiró. A los pocos días, la familia presentó un escrito a la Jefatura Provincial de Tráfico para la anulación del expediente.
«Hubiera aceptado que me multaran por circular a esas horas con el caballo, pero no alcanzo a comprender el sentido de quitarme los puntos del carné de conducir y privarme del coche cuando yo no he cometido ninguna infracción con él», dice la multada.
La pareja asegura que, si finalmente Tráfico no acepta sus alegaciones, pagarán los 300 euros con céntimos, como medida de protesta por, a su juicio, una sanción que raya los límites de lo absurdo.